domingo, 5 de noviembre de 2017

Vine a verte



En memoria a mis queridos abuelos: Daniel, Trinidad y Rosario. 


En Mezquitán está toda mi familia. Literal, mis abuelos, mis padres y yo crecimos en el mismo barrio y es ahí donde también seremos enterrados.

La última vez que vine aquí, vine a enterrarte, Trini. Y ahora descansas junto con tu esposo al cual me hubiera gustado conocer; mi papá dice que Daniel siempre fue un abuelo maravilloso y que tengo la dicha de haber sido mimada por él, aunque yo no lo recuerde.
Pero hoy, Trini, vine con mi mamá, tu nuera, y mis hermanas, tus nietas. Encontramos tu tumba llena de flores y no me sorprende, sé que fuiste muy amada y que son muchos los que hoy se acordaron de ti. Nos despedimos con unas oraciones a la Virgen y mi mamá nos contó del resto de mi familia que hoy descansa contigo. Besé tu lápida y te dije "Hasta pronto, Fea, te extraño", por si no me escuchaste te lo escribo por aquí. 

Foto: "Trini y Dani" por Claudia Rodríguez -@CayisRguez VSCO
Este día se envuelve de oxímorones: dulces amarguras, alegres tristezas y recuerdos olvidados. Todos ellos brotan y se sienten conforme caminas por el panteón y cada quien comprende lo suyo.
Nuestro siguiente destino está al fondo del recinto, casi en la puerta de salida. Ahí estás tú, Chayo.

De tu partida tengo otros recuerdos, sobre todo del lugar por el que ahora camino: éramos una muchedumbre y mi papá, tu yerno, junto con mis tíos, tus hijos, cargaban la caja donde mi mamá decía que tú descansabas. Había mucho sol, pero mis piernas temblaban de frío a pesar de ser septiembre. Ese pasillo que me lleva a tu tumba siempre me hace recordar al mariachi que entró cantando "Amor Eterno", como tú lo pediste hace 12 años, antes de irte.

Foto: "Otra vez aquí" por Claudia Rodríguez -@CayisRguez VSCO

Hoy camino el mismo pasillo, sin mariachi, sin frío y con menos gente, pero con el mismo vacío en el estómago, el mismo anhelo de escucharte una vez más. Mi mamá, tu hija, guía el camino hasta tu tumba y mientras avanzo me rodean personas, hablando "solos", rezando, cantando, algunos llorando. Es Día de Muertos, como yo, hoy vienen a recordar a sus seres queridos.


A pesar de ser una festividad tan importante y de que casi todo el panteón se vista de colores, me doy cuenta que muchos de los cuerpos que hoy descansan aquí no serán visitados. Veo lápidas y tumbas casi en escombros y pura tierra, y entre papel picado y cempasúchiles, algunos pétalos caídos decoran un poco sus ruinas. Del ramo que llevaba en la manos para ti, Chayo, dejé algunas flores en aquellas tumbas marginadas; siempre me regañabas por no compartir mis cosas con mis hermanos, así que no creo que te moleste el gesto.


Foto: "Soledad" por Claudia Rodríguez - @CayisRguez VSCO
 Una voz interrumpe mis ideas, "¿Una canción para su difunto, señorita?", -No gracias, llevo guitarra. le contesté al hombre de sombrero que me interceptó y con el mismo descaro con el que él interrumpió mis pensamientos, yo le pregunté sobre su trabajo. Él señor, que se llamaba Armando, me platicó que cada año viene a Mezquitán con su amigo, José. Las personas los buscan para interpretar las canciones favoritas de sus familiares o amigos fallecidos; me dijo que la música era una forma maravillosa de mantener el recuerdo vivo de nuestros seres amados que han pasado a mejor vida. Cuando menos lo pensé, me di cuenta que por varias partes del panteón sonaban guitarras, trompetas, acordeones, guitarrones y violines. Cada vez parecía que cobraba vida ese lugar. 

Foto: "Armando y José", por Claudia Rodríguez -@CayisRguez VSCO
El pasillo que me lleva a donde tu cuerpo descansa, Chayo, es más largo de lo que recordaba. Pero al fin llegamos. Estás empolvada, con lazo amarillo que advierte que te dejé olvidad por mucho tiempo y que ahora estás más frágil. Perdón. 
Mi mamá barre y tira agua para quitar el polvo que cubrió nuestro abandono, me pide que mueva las manchas más profundas, que quite las flores muertas, pero yo sólo quiero arrancar el lazo amarillo. Te pido perdón en mi mente mientras insisto en romper los plásticos que advierten que es una cripta frágil y me denuncian el miedo que tenía  de volver a pisar ese lugar.

Foto: "Norma" por Claudia Rodríguez - @CayisRguez VSCO


Angie, tu nieta, tenía 9 años cuando partiste, no estuvo presente el día que te sepultamos, mi mamá dijo que era muy pequeña para ver algo así y que quería que el ultimo recuerdo contigo fuera bello. Sin embargo, ella llora en tu lápida cada vez que te visita, siente que no pudo decir adiós. Hoy llevó su guitarra y cantó la ultima canción que ella recuerda haber interpretado para ti, te hizo llorar aquella vez, espera que sonrías hoy por escucharla. También vino Karol, la menor, no tuvo la oportunidad de saber de ti, a apenas la cargabas y dormías en tus brazos cuando te estabas despidiendo de todos nosotros para siempre, entiendo que le cueste más hablar de ti, espero que sepas que ella te ama también y que no es su intención no saber a quién le reza; supongo que tampoco fue tu intención irte tan rápido.

Foto: "Tu canción" por Claudia Rodríguez - @CayisRguez VSCO
Mi mamá le pidio a Angie que cantara un Salmo que acostumbran cantar en la iglesia cuando alguien muere. Escucharlas me recuerda que tú descansas, que volveremos a vernos y que cuando llegue ese día todo el dolor que hemos sentido por tu pérdida será un recuerdo más. 
Antes de despedirnos, rezamos un poco para ti, por tu eterno descanso, por nuestros corazones aún heridos, por tu hijo César y su  hijo Armando, que también  descansan contigo. Por Trini y Dani, mis abuelos, que amo tanto y mis hermanos que no pudieron conocer el mundo. Yo sé, Chayo, que todos ustedes gozan del cielo, que espero algún día alcanzar. Finalmente, cuando estábamos a punto de terminar el ultimo misterio, volvió a tocar el mariachi,  cantando la música que te encantaba, como el día que te dejé ahí y donde espero estár yo.

"Escucha, mi bien, que te amaré para vivir siempre feliz..."